Para os da miña xeración, Gloria Fuertes foi a poeta machorra da inconfundible voz, das rimas fáciles e un pouco petardas, que saía nos programas infantís recitando versos e historias case surrealistas.
Logo medramos, e ela seguiu exactamente no mesmo lugar, como defendendo o baluarte para outros nenos coa mesma idade que tivéramos; nós, arrogantes, considerámola ridícula, e durante anos non houbo festa ou celebración en que non a parodiásemos.
O tempo, que pon a cada un no seu lugar, fíxonos descubrir que en realidade nós éramos os ridículos, e ela unha muller con talento, que sabía que o mundo mellor estaba xunto aos nenos. Lembrámola hoxe, aos dez anos da súa morte, cun dos seus poemas (Ante un muerto en su cama):
¿Dónde estarán las abejas que hicieron
la cera de tus cirios?
¿Dónde habrán ido a parar los primeros
cuadernos que escribiste?
¿Dónde tu primera novia que no presiente
que te has muerto?
¿En qué paisaje te has estremecido
para ir a decirle que estás, quieto?
(No es lo peor morirse, lo angustioso
es que después, no puedes hacer nada,
ni dar cuerda al reloj,
ni despeinarte
ni ordenar los papeles...)
Te comprendo, estás triste.
-Intento consolarte-.
Si valiera decirte que te has muerto sobre tu cama limpia,
que tu alcoba la estaban rodeando los amigos
que se hizo todo lo posible por curarte
-que te estaban rallando la manzana-,
y que estaban bajándote el termómetro
y el más creyente rezaba muy bajito.
Piensa en los que no mueren en su casa,
en los que mueren de pronto en un accidente,
o en esa mayoría que se van, en la guerra.
Ya han venido los de la Funeraria,
estás sobre una alfombra y tienes cuatro cirios,
un crucifijo blanco y un coro de vecinas;
que no te falta nada
y que estás muy bien peinado.

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